Todo bien hasta que llegó Ómicron

El desarrollo de la pandemia originada por el COVID 19 marchaba de lo mejor a inicios de diciembre en nuestro país, pero de pronto, como si se tratara de un tsunami apareció la variante Ómicron que desde que se detectó, hace unas semanas, se está expandiendo de forma muy intensa.

Todo parece indicar que su crecimiento está disparado, es exponencial, y que en unas semanas desplazará a la variante Delta, hasta ahora dominante.

Cuando parecía que las medidas de contención, como la ampliación del horario de circulación de vehículos y la flexibilización sobre el aforo permitido para la actividad comercial y los espectáculos públicos, nos devolverían a una relativa normalidad, de nuevo las autoridades de Salud ordenan echar marcha atrás.

Al mismo tiempo el sector turismo veía con esperanza como los viajeros, especialmente los provenientes de América del Norte, llegarían a nuestro país ávido de disfrutar del sol y la playa.

Igualmente eran esperanzadoras las noticias, los equipos vacunadores de la Caja Costarricense de Seguro Social nos informaban sobre la aplicación de más de ocho millones de dosis, según los datos registrados en el Sistema Integrado de Vacunas (SIVA) con corte al 10 de enero de 2022.

Con estos datos suministrados por la Caja, el país alcanza un porcentaje de aplicación en primera dosis del 92,8% en personas mayores de 12 años, un 84% en segundas dosis y un 10,8% en terceras dosis.

La situación en torno a la pandemia nos hacía pensar que, a pocas semanas de alcanzar los dos años desde que se dio el primer caso en nuestro país, veríamos desterrada o al menos mucho más manejable esta pandemia, pero reiteramos, Ómicron obliga a nuestro sistema de salud a reinventarse nuevamente.

Según los investigadores internacionales sobre esta variante todavía hay datos contradictorios y es difícil saber qué ocurrirá. El nivel de incertidumbre sigue siendo muy alto. Las hospitalizaciones, ingresos en UCI y fallecimientos ocurren con un desfase de unas cuantas semanas.

El problema es que una variante mucho más transmisible, aunque sea menos virulenta, no necesariamente significa que cause menos muertes: si crece a tan alta velocidad, si hay muchos casos en muy poco tiempo, puede haber más fallecimientos.

Una cuarta o quinta ola intensa y rápida en número de casos generará un colapso en el sistema sanitario, algo que ya hemos visto que tiene consecuencias muy graves. Las agencias sanitarias internacionales califican la situación de riesgo muy alto. Por eso, algunos afirman que “hay que prepararse para lo peor”.

Las vacunas

Los expertos afirman que no tenemos un muro de acero impenetrable que bloquee al virus, ni siquiera las vacunas, éstas no son la única solución, si no parte de la solución. Ninguna medida por sí sola es perfecta para prevenir la propagación del virus, pero una superposición de medidas compensa los defectos individuales y reducen significativamente el riesgo.

Recordemos que el virus se transmite por aerosoles, como si fuera el humo del tabaco. Imaginemos una persona a nuestro lado fumando. Así como se mueve el humo del tabaco a nuestro alrededor y lo acabamos respirando, así se moverá el virus si tuviéramos una persona infectada a nuestro lado.

Por eso, un sitio cerrado, mal ventilado, con mucha gente, hablando durante mucho tiempo y sin mascarilla es el mejor lugar para contagiarse. Las mascarillas han resultado ser una medida muy eficaz para prevenir el contagio.