Mitos y realidades de nuestra sociedad

Hace pocos días fue dado a conocer el Décimo Noveno Informe del Estado de la Nación, una verdadera radiografía de nuestra realidad elaborada por profesionales de reconocida solvencia.

En esta ocasión, GUANACASTE A LA ALTURA se ha tomado la licencia de publicar en su espacio dedicado al editorial un segmento de la presentación de dicho informe que identifica algunos mitos presentes en nuestra sociedad y que nos dibujan la realidad del país. El texto que reproducimos señala:

“Mitos persistentes acerca del país que somos han llevado a la sociedad costarricense, por décadas, a hacer lo mismo esperando obtener resultados distintos. Estos mitos no nacen del desconocimiento de los contornos básicos de nuestra realidad. Por el contrario, hace tiempo que las y los costarricenses sabemos que el nuestro es un país de renta media, con alto nivel de desarrollo social y una democracia estable que, sin embargo, no logra articular respuestas para cambiar la tendencia, característica de los últimos años, de lentos e inciertos progresos en desarrollo humano.

Hace tiempo sabemos que Costa Rica tiene una evolución contradictoria. Que es un país modernizado a partir del impulso exportador, un crecimiento económico moderado y una reciente (aunque vulnerable) estabilidad monetaria. Que es, también, una sociedad a la que cada vez le resulta más difícil generar oportunidades de empleo decente para vastos segmentos de su población, y en la que se observa una ampliación de las brechas sociales, el debilitamiento de la gestión ambiental y el deterioro de la gestión política.

Que mientras se ponía el énfasis en las políticas públicas que favorecieron el surgimiento de un dinámico y competitivo sector externo, se descuidó el fomento de las oportunidades laborales y empresariales de calidad en las demás actividades productivas.

Que pese al aumento en el gasto educativo ha habido poco avance en la formación del recurso humano necesario para competir con ventaja en la economía internacional.

Que la mayor tutela de los derechos de las personas coincidió con un creciente descontento ciudadano con el rumbo del país y su sistema político.

Este Decimonoveno Informe revela que el 2012 y los primeros meses del 2013 fueron, en lo esencial, una prolongación de los años previos. Los eventos de mayor relieve acontecidos en ese lapso, en la mayoría de los casos, agudizaron los problemas ya analizados por este Informe, en especial la creciente insostenibilidad en el uso del territorio y los recursos naturales, la erosión de la situación fiscal, los modestos resultados en los mercados laborales, la desigualdad en la distribución de los ingresos y el debilitamiento de la gestión gubernamental.

Hubo progresos en la contención de la violencia social y mejoras importantes en los indicadores educativos y de salud. No obstante, visto en su conjunto, fue un período gris, similar a los últimos, en el que las buenas noticias no lograron atender los desafíos del desarrollo humano, ni generar confianza ciudadana en el rumbo del país.

Existe, pues, un conocimiento razonablemente certero sobre las tendencias que exhibe nuestra sociedad. Menos conocidos son, sin embargo, los mecanismos profundos que las animan, y que han abierto la puerta a mitos que nos impiden entender mejor nuestros desafíos. En vez de que la realidad sea el punto de partida para la acción social, en los debates públicos es frecuente la reiteración de prejuicios y creencias erróneas sobre la naturaleza o curso de los acontecimientos.

Esto ha llevado a insistir en respuestas equivocadas, o a ignorar los problemas asumiendo que el tiempo se encargará de que se arreglen solos, favoreciendo así la inacción en aspectos clave del desarrollo humano. En resumen, evitamos la búsqueda de estrategias innovadoras para enfrentar los problemas que sabemos que tenemos.

Como los mitos mandan, los prejuicios que los nutren terminan gobernando nuestros comportamientos. Desde esta perspectiva, nos hacen perder tiempo y hoy en día, con tanto desafío aplazado, ese es un lujo que el país no puede darse sin hipotecar su futuro. La próxima Administración tendrá un margen de maniobra muy estrecho para lidiar, en un marco de mayor incertidumbre y conflictividad, con problemas que se han vuelto complejos por falta de resolución.

¡Más claro no lo puede decir nadie!