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Elementos filtrados por fecha: Miércoles, 15 Septiembre 2021

Miércoles, 15 Septiembre 2021 10:02

Lo cotidiano de la independencia

Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Educación
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Los retos del ser humano marchan paralelos con sus expectativas de superación.  La independencia es un insumo cívico para el disfrute social, un inestimable valor agregado para la vida democrática integral.

En ese sentido, la libertad propone una nueva actitud desde la instancia individual.  Su propuesta debe ser consecuente con el mejoramiento de todos los niveles de la escala social.  La libertad tiene  que ser un disfrute para las grandes mayorías.  Debe alcanzar, indudablemente, a las clases menos favorecidas de nuestra patria.  Solo así se completará su cobertura integral.  No puede ser una regalía, sino una conquista, una premisa moral, una actitud.

Hoy, abrimos un perfil reflexivo sobre tan trascendental vivencia, llena de civismo.  El déficit fiscal y la gran deuda externa, nos restan el pleno disfrute de la libertad.  Igualmente, la pérdida del poder adquisitivo de nuestra moneda, ya que restringe operaciones económicas básicas en la vida de los costarricenses, así como los altos índices de pobreza y desempleo por la pandemia.

Se es libre con el comportamiento ético, tanto individual como colectivo.  Los últimos acontecimientos sociopolíticos acaecidos en nuestro país reflejan una patología social degradada, opuesta a la moral pública que debe  regir en nuestra patria. Hechos que, sin duda, afectan la imagen de conciencia ciudadana de todos los costarricenses.  Queremos ver más transparencia en todos los espacios del quehacer nacional.        

Asimismo, los crecientes índices de violencia en diversos contextos del conglomerado social, ofenden el espacio para la libertad.  Igualmente, la inseguridad ciudadana que nos asedia cada día, donde algunos grupos, amparados en el poder de las pandillas implantan su código de fuerza contra la población, que luce indefensa ante dichas tropelías.

.  Pierden libertad: los jóvenes en la drogadicción, los desertores del sistema educativo, los agresores del espacio hogareño y familiar, quienes no aprovechan el tiempo lectivo en los centros de estudio. Quienes llegan a los colegios, pero no ingresan en las aulas y deambulan por los pasillos y corredores, sin un fin claro de sus responsabilidades.

.  Perdemos la libertad en el momento de esclavizarnos, desmedidamente,  con los adelantos de la tecnología de punta y al adoptar modas ajenas a nuestra manera de ser. Hoy tenemos una nueva patología: la nomofobia, ese martirio incontrolable para despegarse de los celulares.

En estos tiempos de mundialización, cuando suceda en otras latitudes nos preocupa, porque dichos estadios planetarios no nos pueden ser indiferentes, por el contrario, la fuerza solidaria es un compromiso holístico para la defensa de la libertad en cualquier parte del mundo.

No obstante, en esta era de globalización, nuevas fuerzas como el petróleo, el euro, el dólar o los TLC amenazan nuestra independencia desde diversos frentes.  Ahora, dichos impactos transforman los hábitos sociales en la aldea global y, por ende, en nuestro sistema particular de vida.

La libertad implica, desde luego, el disfrute pleno de nuestras riquezas naturales, ahora controladas por inversionistas con alto poder económico. Con el levantamiento de megaproyectos turísticos, pero sus mayores ganancias quedan fuera del desarrollo de nuestra provincia. No nos oponemos a dicho desarrollo, pero jamás aprobaremos que unos pocos impidan la libertad de movilización para el disfrute de las riquezas de nuestra biodiversidad costarricense. 

No queremos una zona de exclusión dentro de nuestra propia patria, pues ello implicaría una pérdida de soberanía y, desde luego, de la libertad.

Estamos en una encrucijada histórica.  Tenemos que enarbolar las banderas de la redención y de la equidad. Habrá vacíos en su libertad, cada vez que un costarricense no pueda suplir las necesidades básicas de alimentación, vivienda, vestido y acceso a la educación y a las fuentes de trabajo.

En síntesis, la antorcha se encuentra en el pebetero de los sueños y las conquistas humanas. No debemos desmayar en la forja de tan imprescindible valor.  Por el contrario, se impone la defensa de su más sagrado valor.

La conquista de la libertad se completa todos los días.  De nosotros depende seguir conservándola. Hagámoslo.  Tomemos conciencia, porque entre todos podemos lograrlo desde la vivencia cotidiana de cada quien.  

Publicado en La Provincia
Miércoles, 15 Septiembre 2021 03:19

Celebración del Bicentenario ¿En deuda?

Cavour, prócer de la unificación de Italia solía decir "la patria es la conciencia de la patria" ¿Se da eso en la Costa Rica actual? Hoy, 15 de setiembre, que se cumplen nuestros 200 años de vida independiente, llama la atención la parquedad de las celebraciones que han sido propuestas.

Ciertamente, el presidente ha señalado que, en mucho, esto se ha debido a la crisis del covid -que ha obligado a confinar a la población y a restringir la movilidad, apagando con ello las celebraciones públicas-, así como a la falta de recursos por la crisis de las finanzas estatales.

Sin embargo, es visible que se podría haber sido mucho más creativos y entusiastas para festejar la efeméride, más ahora que estamos en la era de la información y contamos con tecnología informática.

En general, el gobierno central y las instituciones públicas han realizado actividades, pero en ellas se siente un aire de improvisación y falta de planeamiento. El gobierno central dio arranque a las celebraciones solo a partir del 26 de febrero último y gran parte de las actividades programadas -que figuran en sus plataformas web- han sido actividades normales y corrientes, a las que se ha asociado al Bicentenario, pero sin que tengan que ver con él.

Se ha celebrado el mes de los indígenas, el día del afrodescendiente con un homenaje a Marcus Garvey y la Anexión del Partido de Nicoya -con la consecuente exaltación del folklor-, pero nada de esto es extraordinario, sino celebraciones comunes y corrientes, ya presentes en el calendario ordinario.

También se ha promovido al atleta nacional y los derechos de la mujer y se ha dado publicidad a temas como la descarbonización y la prohibición de explotación de petróleo, pero nada de esto va realmente más allá de los planes normales del gobierno. Se han hecho también mesas redondas y conferencias, pero pocas (aunque el gobierno dice haber organizado más de 400 actividades).

Las municipalidades han hecho algunas cosas, pero también tardías y poco publicitadas, aunque loables, como la develación de una escultura conmemorativa en Cartago (en San José, ciudad capital, se abandonó completamente la estatuaria, elemento tradicional de los discursos de la patria en el Estado moderno), y en San José se anunció hace cerca de una semana que se realizará un espectáculo con drones en el Estadio Nacional.

Solo las instituciones académicas como las universidades públicas, la Biblioteca Nacional y el Museo Nacional han realizado actividades de estudio como congresos, seminarios, conferencias, mesas redondas y otras que, por el carácter de estas instituciones, adquieren matices críticos y de análisis de nuestra sociedad.

Hasta los medios de comunicación están empezando hasta ahora a posicionar el tema y aún esto, con poca brillantez.

Nada de esto se compara con las celebraciones del centenario que, según ha sido documentado, se planearon con un año de anticipación e incluyeron publicaciones en los medios y la ornamentación de toda la ciudad de San José.

Es un hecho estudiado por la historiografía que los discursos de la nación moderna, es decir, las efemérides patrias, la identidad nacional los símbolos y héroes nacionales son un constructo del Estado moderno, que buscó asociar la identidad nacional así creada a sus discursos e instituciones de poder.

Hoy, en tiempos de globalización, esos discursos e instituciones se debilitan porque el Estado nación está reducido en sus potestades por el discurso neoliberal y existen presiones que provienen de una cultura global -que tiende a erosionar las identidades nacionales-, además de que se nos ha exigido por mucho tiempo dejar de lado el viejo nacionalismo económico, para interactuar competitivamente en los entornos internacionales.

Por un lado es cierto que el covid y la crisis tienen efectos desmovilizantes. Pero también es claro que las transformaciones de acarreadas por la globalización en su enfoque neoliberal han afectado la vieja conciencia nacional. Alguien más conspiranoico podría pensar que los poderes fácticos de este país tienen miedo de movilizar a la población en torno a una festividad aglutinante, que le dé cohesión para oponerse al modelo de desarrollo dominante. Sea como sea, visto el panorama, no se puede dejar de tener la sensación de que, a dos siglos de la emancipación del imperio colonial español, en nuestro país el discurso decimonónico de la patria parece estar agotado.

Autor: Eduardo Madrigal Muñoz
Historiador

Publicado en Editorial

Hoy, 15 de setiembre de este año 2021, se cumplen 200 años de la independencia de Centroamérica, el llamado bicentenario. Es este el momento propicio para revisar la importancia de conocer nuestra historia para celebrar apropiadamente esta fiesta nacional y regional.

El 15 de setiembre de 1821 se ha mantenido como la fecha que divide la historia de nuestra Centroamérica, la separación entre la época colonial, identificada como el pasado de subordinación, de pobreza, de abandono bajo la corona española y la fase independiente que permitió a las provincias del otrora Reino de Guatemala construir nuevas formas de gobierno y las leyes fundamentales.

Se valoraron las opciones de la anexión al Imperio de Iturbide en México, la unión con Colombia, el establecimiento de una república federal o erigirse como estados independientes. Por tales razones, la fecha del 15 de setiembre tradicionalmente es celebrada en Centroamérica como el día de su independencia. Hacemos eco de las frases de Ramón Zelaya, quien en 1917 escribió: “Un día estos pueblos vieron llegar a sus lares y tocar a la puerta de sus dominios a la diosa libertad” (tomado del Repositorio Ciicla).

Nuestra historia nos señala que la independencia llegó a la provincia de Costa Rica repentinamente, fue anunciada en el acta de Guatemala y ratificada en el acta del 29 de octubre, que en su artículo 1° dice: “Que se publique, proclame y jure solemnemente el jueves 1° de noviembre la independencia absoluta del gobierno español” (tomado del Repositorio Ciicla, Efemérides del Bicentenario de la Independencia de Costa Rica).

El 12 de noviembre de 1821 se estableció un gobierno interino, el 1° de diciembre se firmó el Pacto de Concordia (primera Constitución de Costa Rica) y se estableció como la fecha designada oficialmente para la conmemoración de la emancipación política de Costa Rica. Sin embargo, nunca llegó a festejarse en ese día, pues la República Federal (1824-1839) adoptó el 15 de setiembre para solemnizar la independencia. Costa Rica inició, como provincia, la estructuración del Estado, que conduciría a la declaración de la República en 1848 y a la ratificación de su soberanía en la guerra contra los filibusteros de 1856-1857. Con estos hitos históricos se institucionalizó la celebración del 15 de setiembre

En la segunda mitad del siglo XIX fue claro para los gobernantes de aquella época la necesidad de crear una identidad nacional, por tanto, había que reconocer y rescatar en las páginas de su historia, no solo el discurso y los hechos históricos, sino también a los héroes de la nación. Los grandes ausentes en esta historia fueron las poblaciones mayoritarias y sus culturas populares, la participación de estas poblaciones en los procesos políticos fue negada: mujeres, mestizos y africanos fueron olvidados y el pasado indígena se dejó a otros estudiosos. La interpretación del pasado colonial sobre las poblaciones indígenas, africanas y mestizas desvincula la historia de dichos grupos sociales de la historia del costarricense real.

Es bajo esta perspectiva que el Estado inició el proceso de construcción de lo nacional, sin olvidar: “el glorioso 15 de setiembre de 1821, en que se verificó nuestra emancipación política”.

Las primeras décadas del siglo XX muestran a una Costa Rica decaída por la difícil situación que prevalecía en el mundo: una crisis económica internacional causada por la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y una crisis sanitaria mundial por la pandemia de influenza (gripe española-1918). A lo interno se sumaba la violencia vivida durante la dictadura de los Tinoco y la pérdida de territorio en la Guerra de Coto con Panamá (1921). Después de este período, el gobierno de Julio Acosta (1920-1924) tuvo la tarea de restablecer la economía ante una alta inflación. En su administración se llevaron a cabo las celebraciones del Centenario con un sentido de rescate de la tradición nacional.

Después de la Segunda Guerra Mundial se muestra una economía mundial en recuperación y la aparición de un nuevo orden de las naciones, en el caso de Costa Rica a este contexto se sumó la Guerra Civil de 1948 y la fundación de la Segunda República, transformando el agro y la industria, el campo y la ciudad, la ampliación de la educación secundaria y el desarrollo de la educación superior de la mano de las universidades públicas. En el marco del Estado benefactor (1948-1978) se celebraron los 150 años de la independencia (sesquicentenario), para ello se constituyó una comisión que, con una perspectiva regional, festejó el saber y la cultura centroamericanos. La celebración se enmarcó en la discusión y debate sobre el significado de la independencia en un contexto de subordinación económica y Guerra Fría.

La segunda mitad del siglo XX enmarca la historia reciente, la globalización, el calentamiento global, con grandes cambios en las políticas económicas, sociales, culturales y ambientales. Las primeras décadas del siglo XXI, escenario de nuestra contemporaneidad, un mundo conectado y en cuarentena. Este año de 2021, el momento oportuno para reflexionar cómo durante doscientos años han sido muchas las frases, que, utilizadas por hombres y mujeres costarricenses, han demostrado el significado del concepto de independencia.

A lo largo del siglo XIX se le considero portadora del gobierno propio, una palabra sacramental, el día más grande en las tradiciones centroamericanas, un día sagrado, de orgullo de ventura, el gran día de la patria, una fecha hermosa, gloriosa, célebre, el himno de la libertad, pues celebra el natalicio de esa libertad, la proclamación de la autonomía, una solemnidad histórica, una fiesta patriótica, un acontecimiento para la república democrática.

Para el siglo XX se le identifica como el día para entregarnos a la alegría y al regocijo, motivo para hacer labor de cultura, ocasión para muchas enseñanzas y repasos de historia y geografía, el día para hacer el inventario de nuestra vida pasada, el medio para hacerse dueño del propio destino, el recordatorio de que la nación se hace constantemente con los actos de todos, el momento de defender los valores y la herencia civilista del país, la fecha para afirmar los principios de nuestra democracia representativa, gloria y orgullo del hemisferio occidental (tomado del Repositorio Ciicla, Efemérides del Bicentenario de la Independencia de Costa Rica).

Pero, también debemos de tener muy presente que desde 1821 se ha construido una memoria por medio de monumentos, estatuas y bustos, inauguración de edificios, bibliotecas, museos, estreno de himnos nacionales y patrióticos, de eventos oficiales, como una exposición nacional, festivales de arte y música, la creación de fechas conmemorativas, donde el protagonista ha sido la fecha del 15 de setiembre, que ha estado presente en el ideario del costarricense y ha ido de la mano con el desarrollo de nuestra historia patria.

Por María de los Ángeles Acuña León
Directora del Centro de Investigación en Identidad y Cultura Latinoamericanas
Universidad de Costa Rica

Publicado en El País

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