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Miércoles, 01 Diciembre 2021 14:50

Johanna, la señora obsesiva compulsiva

Johanna tiene 37 años, es casada hace tres y tiene una bebé de 8 meses; además de los cambios propios de la maternidad, Johanna ha agravado su malestar generalizado que va desde episodios de ansiedad muy fuertes que la hacen caminar de un lado a otro, contar series de números de forma repetitiva y comerse las uñas; ahora que su bebé gatea, suele limpiar el piso al menos cinco veces al día e impedir que su esposo camine por la casa sin antes lavarse los pies hasta verificar, ahora diez veces, que el cerrojo de su habitación esté cerrado.

Aunque para ella no está claro, vive gobernada por la emoción del miedo, teme constantemente a estímulos poco claros y busca disminuir su miedo con acciones que, mientras las realiza, la tranquilizan un poco hasta que el miedo vuelve. Estas acciones le toman más de una hora al día y han disminuido su calidad de vida, a su esposo lo exaspera, es común que se presenten problemas en la pareja. Para Johanna, su malestar es extremo, incapacitante e incomprensible, ella se esfuerza por hacerlo bien, pero no consigue tranquilizarse por más que sus seres queridos le insistan que no pasa nada si limpia menos, si no confirma lo de la puerta. A ella, los pensamientos de terror la han acompañado la vida entera y se agravaron ahora con el nacimiento de su hija. En el pasado, pese a la intensidad de sus acciones, en su trabajo era considerada una buena trabajadora por su orden sobresaliente, su puntualidad y su cumplimiento.

Johanna ha llegado a describir que siente que su cerebro es un hormiguero, que se le alborotan las ideas y que éstas la impulsan a hacer acciones confirmatorias, de manera repetitiva, obsesiva. Últimamente se ha estado lavando las manos hasta romperse, cuanto más le reclaman los demás, más se exige: orden, limpieza, seguridad.

Johanna fue una niña alabada por su responsabilidad, un poco retraída, al punto que sus rituales jamás fueron conocidos por sus padres, nadie, hasta ahora, conocía de su malestar; fue su esposo el que alertó a la familia una noche luego de que se levantara por décima vez a confirmar el cerrojo de la puerta, él le gritó que dejara de despertarlo y ella lloró; nunca antes la había visto tan vulnerable e indefensa, ella solía mostrarse resolutiva, fuerte y ocultar su malestar estando muy ocupada, pero esa noche, le confesó no solamente cómo se sentía sino la cantidad de acciones que hacía durante el día para buscar calmarse; le dijo que en la oficina se encerraba en el baño y se repetía una serie de frases y que si no lo hacía antes de la hora del almuerzo, su miedo aumentaba. De esa conversación derivó que su esposa se informara, descubriendo que quizá ella padecía una psicopatología y que lo mejor sería consultar a la psicóloga.

En la primera sesión, Johanna se mostró reticente a platicar de su malestar, buscaba el modo de justificar sus acciones y de encontrar a su esposo exagerado. Dijo que debían ser los cambios de la maternidad, el interés que tenía en la seguridad de su bebé y el miedo habitual que experimentan todas las madres, sobre todo, las primerizas. Pero, la psicóloga le explicó que hay condiciones de malestar extremo que responden a categorías diagnósticas, que hace falta explorar, conocer su historia, incluso medir en escala subjetiva su malestar y de ser posible: diagnosticarla para el mejor manejo de su condición.

En las siguientes sesiones se analizaron las comorbilidades, el contexto, los antecedentes, parte de la historia de vida asociada a los síntomas actuales y se decidió remitir al psiquiatra, ya que todo parece indicar que Johanna padece de Trastorno Obsesivo Compulsivo, al ser un trastorno de personalidad, sus síntomas disminuirán con medicamentos, ya que una de las causas está relacionada con los sistemas serotoninérgico y noradrenérgico, los que se pueden regular con psicofármacos.

Se recomendó terapia conjunta: psiquiátrica y psicológica, a fin de regular su funcionamiento cerebral y enseñar nuevas y eficaces estrategias de conducta que le permitan incrementar su calidad de vida y disminuir el efecto adverso que su trastorno genera en sus relaciones con los demás. Pese a que Johanna padecerá su trastorno toda su vida, podrá aprender a autorregularse con ayuda, no solo de los profesionales en salud mental, sino de su familia.

Licda. Jacqueline CT
Psicóloga
Atención clínica en Facundo Equinoterapia, Nicoya
Jardín Escondido, Liberia y online.

Publicado en La Provincia
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