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Jueves, 14 Octubre 2021 03:49

Carolina, la joven depresiva

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Carolina llegaba del trabajo a las seis y se dirigía a su habitación. No es que durante el día tuviera ganas de trabajar, pero, al llegar la noche, su desgano por vivir se incrementaba; a veces, pensaba que hubiera sido mejor tener un accidente y no volver a casa. A sus veinticinco años, aún vivía con sus padres. Su madre la llamaba para comer, algunos días, hacía esfuerzos por tragarse la comida, otros, tenía un apetito que la devoraba, pero siempre, se sentía abatida, triste, culpable.

No sabe con exactitud cuándo empezó su malestar, se consideraba una mujer alegre y está segura de que su problema no se debe a su infancia; recuerda que era una niña tranquila, cumplida con sus deberes y muy obediente, sobre todo, a las indicaciones de su mamá. Cuando entró a la adolescencia, tuvo algunos desencuentros, pero nada qué lamentar, apenas se cuestionaba lo que hasta entonces había dado, por cierto, pero no quiso atender a sus cuestionamientos y prefirió seguir la tradición; esperaba cumplir dieciocho años, continuar en la universidad y trabajar, tal como lo hicieron sus hermanos mayores, llegado el momento: casarse. Pero, parece que algo en ella no funcionaba como en los demás, recuerda no sentirse especialmente atraída por ningún hombre y aunque ha tenido varios novios, con ninguno se ha sentido especialmente enamorada.

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Los fines de semana duerme hasta las diez, antes, sus padres le reclamaban, ahora comprenden que está cansada por su trabajo, esos días, pasa la mayor parte del día en pijamas, se siente poco atractiva y prefiere callar sus emociones con comida. No suele hablar con los demás de sus asuntos personales, prefiere callarse sus problemas, aunque, a decir verdad, ella cree no tener problemas, apenas insomnio algunas noches y tristeza todas las mañanas. De vez en cuando llora, hasta quedarse dormida.

Sus amigos la invitan a salir, antes, solía disfrutar del patinaje, ahora no le interesa, dice que perdió su habilidad, seguramente por los años. Cuando sus padres van de vacaciones, ella pide permiso en el trabajo y se queda en casa, encerrada. Ha perdido el interés por casi toda actividad.

Para su madre, es normal, Carolina se ha mostrado tranquila desde niña, satisfecha con lo poco, solitaria, sin ambiciones, para Carolina algo es distinto ahora, nunca se había sentido tan desorientada, perdida, quiere pedir ayuda, pero algo en ella no la deja, al menos hago bien mi trabajo, piensa antes de que nuevas imágenes aparezcan en su cabeza, son algo perturbadoras, se ve a sí misma en un accidente: muerta y aunque se asusta un poco, siente profundo alivio; si yo muriera, se dice.

En el trabajo, todo parece estar bien, Carolina es una buena compañera, suele ser solidaria y ayudar cuando se lo piden. Últimamente regala su almuerzo a un indigente, les dice a sus compañeros que toma suplementos y durante la tarde se siente mal, pero no les cuenta. A veces, toma una bebida energética y recupera un poco el ánimo por escasos minutos, si alguien le pregunta cómo está, ella dice que bien y sigue adelante. Aunque con sus padres se muestra distante y un poco irritable. Algo en ella le dice que hay una salida, que la muerte es lo más accesible, incluso, para una joven como ella. No tiene ganas de vivir por mucho tiempo. Ha estado comprando en la farmacia una suficiente cantidad de pastillas. Lo único que le da esperanza es saber que cuando lo decida, todo puede acabar.

Lo que le resulta más molesto, es la sensación de inquietud que la lleva a moverse más rápido, sus compañeros la han visto en el trabajo ir de un sitio a otro sin ningún sentido; en cambio en su casa, incrementa su letargo. Sus padres piensan que Carolina es demasiado tranquila, una muchacha buena, aunque tiene sus días.

Es por eso que les impresionó cuando la vieron tirada, como si estuviera drogada, Carolina jamás consumiría drogas, tardaron en procesar que se trataba de un intento suicida, tardaron en entender la angustia, el vacío, la desesperanza que, durante años, Carolina había sentido y no lograban comprender los motivos, si lo ha tenido todo, decían.

Cuando fueron atendidos por la psicóloga, esta les explicó que Carolina estaba deprimida, que las causas pueden estar ocultas, incluso, para la misma paciente y que le puede tomar algún tiempo reconocerlas. Pero, más importante que saber qué causó la depresión en Carolina, es revertirla, para ello quizá, necesite medicamentos, ya que deficiencias en sus neurotransmisores la pueden hacer sentir malestar. Les pidió que estuvieran cerca de ella, que evitaran los reproches o los juicios y le brindaran protección, afecto y comprensión. En adelante, serían un equipo, para ayudar a Carolina a cambiar sus pensamientos, emociones y acciones y con ello, superar la depresión, que es un trastorno agudo, lo que quiere decir: curable, temporal.

Pasaron algunos meses, Carolina asistió a terapia y a un grupo de apoyo para personas con trastornos anímicos, se inscribió en clases de baile y poco a poco volvió a sonreír.

Licda. Jacqueline CT
Psicóloga
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