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Sábado, 15 Febrero 2020 22:25

La conservación ambiental en Costa Rica y UCI, de cara al 2030

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Costa Rica se ha posicionado a nivel global como un referente en conservación, destacándose entre sus grandes conquistas el establecimiento de un amplio marco legal ambiental, la creación de áreas protegidas y su posterior consolidación a través del enfoque de áreas de conservación, el Pago por Servicios Ambientales (PSA) para valorizar parte de los aportes de nuestro capital natural,  así como el establecimiento de estrategias de conservación como los corredores biológicos que, entre otros, son en gran media responsables de que poseamos como país una cobertura forestal de más de la mitad de nuestro territorio.

Además, podemos sumar otros logros, como la prohibición del cambio de uso del suelo, la definición de criterios para evaluar el impacto ambiental de obras de infraestructura, la prohibición de la cacería, el relativo poco uso de fuentes de energía no renovables, avances que han servido como referencia para la gestión ambiental de muchos países.

En la dinámica social, que es clave para una conservación integral real, es importante señalar las estrategias de gobernanza participativa en las que se han establecido comités locales de manejo de áreas protegidas, comités locales de corredores biológicos que contribuyen con la gestión de estos espacios o bien, consejos territoriales de desarrollo rural, promovidos por el Instituto de Desarrollo Rural (INDER), todos los cuales han sido fundamentales para posicionar el desarrollo ecorregional y la producción sostenible.

Es innegable el liderazgo del país en estos temas, sin embargo, existen varios elementos que requieren atención. Entre ellos un elemento que se podría señalar como una debilidad histórica en los procesos de conservación es que aunque el país se ha abocado a promover una “agenda verde” no ha tenido suficientes y significativos avances en otras agendas claves para la conservación, como la agenda del agua, la agenda marino costera, la agenda agrícola, el manejo de desechos, y en general de gestión ambiental, particularmente urbana.

Por otro lado, paralelo al crecimiento de estos esfuerzos ambientales, se ha venido dando un desarrollo no sostenible en muchas zonas, lo que se puede notar claramente en la evolución de  una producción agrícola con abuso de químicos, que en muchos casos ha llegado hasta el borde de áreas protegidas, afectando su equilibrio ecológico y el de condiciones de bienestar de muchas comunidades por la contaminación ambiental, aparición de plagas, enfermedades e inclusive limitando su disponibilidad de acceso al recurso hídrico. Costa Rica ostenta desde el 2015, el cuestionado “reconocimiento” de ser el país que tiene la mayor utilización de pesticidas por hectárea del mundo, número que aumenta con la inscripción continua de nuevas moléculas inscritas para uso agrícola en nuestro territorio.

El mantenimiento del capital natural no es un lujo que se da este país para conservar lo lindo de los “bichitos” del bosque, sino que es la base para la producción y para nuestro bienestar en general, por ejemplo para el control de inundaciones, la regulación climática y la polinización, entre otros aspectos. No obstante, a la fecha, no hemos tenido la capacidad de comunicar adecuadamente y convencer sobre la existencia de esta realidad, por lo que aún se promueve un discurso que maneja una dicotomía, para muchos ambigua, entre desarrollo y conservación, que se maneja en algunos círculos, y que prolonga la producción insostenible.

Una importante área en la que se pueden señalar debilidades es en la marino costera, que ha sido invisibilizada por mucho tiempo, aspecto que queda claro en el incumplimiento de las metas globales suscritas por el país (Metas Aichi del Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020), en donde se comprometía a proteger al menos un 10% de nuestros mares para el 2020, pero cuyo cumplimiento no llega a un 3%1. En esta misma dimensión gran parte del sector conservacionista señala iniciativas que considera contradictorias, como la débil regulación sobre el aleteo de tiburones y su exportación, o bien la situación legal de la pesca de arrastre. 

Luego de este breve recuento, se pueden identificar aspectos positivos y áreas de mejora para el país, sin embargo, existe un tema medular que no hemos atendido como se requiere, y es el de la conservación en el marco del cambio global. Costa Rica ha comenzado a prepararse para enfrentar una de las expresiones de ese cambio, la del cambio climático, a partir por ejemplo, del uso de escenarios, o del estableciendo de políticas sectoriales en esta materia, sin embargo, la implementación a nivel de gobiernos locales es muy baja y casi ausente en el debate nacional o local, como se puede constatar en estas últimas elecciones para alcaldes.

Retos del país de cara al 2030

Para el 2030 el país enfrenta muchos retos, no sólo para seguir siendo referente, sino sobre todo, para velar por mantener una economía de bajo impacto ambiental y de bienestar de su población. Para ello debería:  

  • Seguir financiando la operación de sus áreas protegidas desde una óptica de efectividad de la gestión, a la vez que se atiende la subejecución presupuestaria que ha tenido por años.
  • Fortalecer las capacidades de gestión -individual y colectiva- de los grupos sociales vinculados a las áreas protegidas, y a otras estrategias de conservación como los corredores biológicos y las reservas de biosfera.
  • Superar el encasillamiento en la gestión del agua que se ha cargado únicamente en dos instituciones como son el SENARA y en el AyA, para no perder de vista un indispensable manejo integral entre la cuenca y el mar, cuya falta es culpable en gran medida de la pérdida de biodiversidad terrestre, dulceacuícola y marina, así como también responsable del aumento en la vulnerabilidad de comunidades locales ubicadas en sus zonas de influencia y la pérdida de suelos agrícolas, entre otros. Lo anterior implica que, además, se aceleren los esfuerzos que se llevan a cabo para un adecuado tratamiento de las aguas residuales en todo el país.
  • Se requiere un impulso importante a la agricultura con énfasis en la regeneración, enfocada en la recuperación de suelos, y de políticas reales de cambio que coloquen como logros, no solamente la prohibición de insumos como glifosato en cultivos no agrícolas, sino que sea consecuente con las políticas conservacionistas y de salud de la población que ha establecido el país como prioridad.
  • Tomar las medidas necesarias de mitigación y de adaptación, por parte de los gobiernos locales, de acuerdo a los escenarios de cambio climático que se prevén para sus territorios.
  • A nivel de empresas privadas, avanzar más allá de los programas de responsabilidad social, cortoplacistas y realizar cambios en la forma de hacer negocios, desde una visión de la economía circular y del bien común, para generar beneficios a la empresa, a las comunidades, individuos y al planeta.

El país ha demostrado ser visionario y tener las capacidades para liderar procesos a nivel global, estos retos y otros que se presentan en la búsqueda de una justicia social y ambiental pueden ser atendidos si se asume el mismo compromiso que motivó a muchas personas a adoptar políticas de conservación de la vida hace casi cinco décadas.

Propuestas y aportes desde la Maestría en Liderazgo y Gerencia Ambiental de UCI de cara a los retos globales

Desde la creación de la Universidad para la Cooperación Internacional en 1994, como instrumento para la implementación del desarrollo sostenible en toda Latinoamérica, las condiciones planetarias han cambiado y se visualiza la ocurrencia de los dolorosos cambios previstos desde hace 25 años, pero a velocidades alarmantes. El compromiso de UCI ha sido el de generar programas pioneros que busquen incidir en el bienestar global a través de la sostenibilidad y de la ejecución de todo tipo de proyectos. Hoy en día, donde la sostenibilidad, no es suficiente para recuperar la funcionalidad ecológica del planeta, requerimos enfoques más profundos como el del Desarrollo Regenerativo que busca que cada iniciativa genere, no sólo un balance entre las diferentes dimensiones que componen el enfoque del desarrollo sostenible, sino que llegue al punto de realizar aportes para mejorar la situación en la que se encuentran esas dimensiones.

La Maestría en Liderazgo y Gerencia Ambiental de UCI tiene como objetivo que se consolide una visión integral, en las empresas e instituciones de gobierno, que supere los antiguos programas de filantropía y responsabilidad social, dando un énfasis al rol que tienen todas las organizaciones, públicas y privadas, de aportar valor a la sociedad, la economía y el ambiente.

El liderazgo se establece como un elemento necesario del capital humano que busca generar un cambio en el giro de negocios de dichos entes, de modo que se conviertan en instituciones más proactivas y conscientes de su importancia en el entorno en el que se desenvuelven.

A través de un enfoque de sistemas, y de buenas prácticas en gestión de proyectos, se propone generar cambios de comportamiento y darle una dimensión integral, ética y eficiente a las decisiones gerenciales. Reconocemos que existen técnicas, políticas, información para construir los cambios que requerimos, pero debemos trabajar tejiendo, promoviendo e identificando conexiones entre ellas.

Queremos contribuir con la inclusión de esta visión en el ADN de las organizaciones.

Allan Valverde, MAP.
Decano, Facultad de Ambiente y Desarrollo
Universidad para la Cooperación Internacional

MINAE – SINAC – CONAGEBIO – FONAFIFO (2018) Resumen del Sexto Informe Nacional de Costa Rica ante el Convenio de Diversidad Biológica. Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo - Apoyo técnico para que las Partes Elegibles desarrollen el Sexto Informe Nacional para el CDB (6NR-LAC) Costa Rica

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