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Miércoles, 15 Septiembre 2021 03:19

Celebración del Bicentenario ¿En deuda?

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Cavour, prócer de la unificación de Italia solía decir "la patria es la conciencia de la patria" ¿Se da eso en la Costa Rica actual? Hoy, 15 de setiembre, que se cumplen nuestros 200 años de vida independiente, llama la atención la parquedad de las celebraciones que han sido propuestas.

Ciertamente, el presidente ha señalado que, en mucho, esto se ha debido a la crisis del covid -que ha obligado a confinar a la población y a restringir la movilidad, apagando con ello las celebraciones públicas-, así como a la falta de recursos por la crisis de las finanzas estatales.

Sin embargo, es visible que se podría haber sido mucho más creativos y entusiastas para festejar la efeméride, más ahora que estamos en la era de la información y contamos con tecnología informática.

En general, el gobierno central y las instituciones públicas han realizado actividades, pero en ellas se siente un aire de improvisación y falta de planeamiento. El gobierno central dio arranque a las celebraciones solo a partir del 26 de febrero último y gran parte de las actividades programadas -que figuran en sus plataformas web- han sido actividades normales y corrientes, a las que se ha asociado al Bicentenario, pero sin que tengan que ver con él.

Se ha celebrado el mes de los indígenas, el día del afrodescendiente con un homenaje a Marcus Garvey y la Anexión del Partido de Nicoya -con la consecuente exaltación del folklor-, pero nada de esto es extraordinario, sino celebraciones comunes y corrientes, ya presentes en el calendario ordinario.

También se ha promovido al atleta nacional y los derechos de la mujer y se ha dado publicidad a temas como la descarbonización y la prohibición de explotación de petróleo, pero nada de esto va realmente más allá de los planes normales del gobierno. Se han hecho también mesas redondas y conferencias, pero pocas (aunque el gobierno dice haber organizado más de 400 actividades).

Las municipalidades han hecho algunas cosas, pero también tardías y poco publicitadas, aunque loables, como la develación de una escultura conmemorativa en Cartago (en San José, ciudad capital, se abandonó completamente la estatuaria, elemento tradicional de los discursos de la patria en el Estado moderno), y en San José se anunció hace cerca de una semana que se realizará un espectáculo con drones en el Estadio Nacional.

Solo las instituciones académicas como las universidades públicas, la Biblioteca Nacional y el Museo Nacional han realizado actividades de estudio como congresos, seminarios, conferencias, mesas redondas y otras que, por el carácter de estas instituciones, adquieren matices críticos y de análisis de nuestra sociedad.

Hasta los medios de comunicación están empezando hasta ahora a posicionar el tema y aún esto, con poca brillantez.

Nada de esto se compara con las celebraciones del centenario que, según ha sido documentado, se planearon con un año de anticipación e incluyeron publicaciones en los medios y la ornamentación de toda la ciudad de San José.

Es un hecho estudiado por la historiografía que los discursos de la nación moderna, es decir, las efemérides patrias, la identidad nacional los símbolos y héroes nacionales son un constructo del Estado moderno, que buscó asociar la identidad nacional así creada a sus discursos e instituciones de poder.

Hoy, en tiempos de globalización, esos discursos e instituciones se debilitan porque el Estado nación está reducido en sus potestades por el discurso neoliberal y existen presiones que provienen de una cultura global -que tiende a erosionar las identidades nacionales-, además de que se nos ha exigido por mucho tiempo dejar de lado el viejo nacionalismo económico, para interactuar competitivamente en los entornos internacionales.

Por un lado es cierto que el covid y la crisis tienen efectos desmovilizantes. Pero también es claro que las transformaciones de acarreadas por la globalización en su enfoque neoliberal han afectado la vieja conciencia nacional. Alguien más conspiranoico podría pensar que los poderes fácticos de este país tienen miedo de movilizar a la población en torno a una festividad aglutinante, que le dé cohesión para oponerse al modelo de desarrollo dominante. Sea como sea, visto el panorama, no se puede dejar de tener la sensación de que, a dos siglos de la emancipación del imperio colonial español, en nuestro país el discurso decimonónico de la patria parece estar agotado.

Autor: Eduardo Madrigal Muñoz
Historiador

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