Viernes, 27 Octubre 2017 09:41

Cacería deportiva e incendios forestales

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En las últimas semanas se han abordado dos temas que revisten mucha importancia para la provincia de Guanacaste: los incendios forestales y la cacería deportiva; y añadiríamos la cacería furtiva o ilegal, que ha sido parte de la cultura del guanacasteco.
En cuanto a los incendios forestales, funcionarios del (MINAET), el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) y la Comisión Nacional sobre Incendios Forestales (CONIFOR), expresaron su preocupación por el escenario deficitario de lluvias que se presentó a lo largo del año 2012 a nivel nacional; producto de la presencia del Fenómeno del Niño, que a su vez produjo una sequía meteorológica que afectó ese año a casi todo el territorio.
Unido al déficit de lluvias se debe tomar en cuenta que Costa Rica, atravesó por la peor temporada de incendios forestales de los últimos cinco años, debido a que el número de área afectada alcanzó un total de 34.715,57 hectáreas, 25.216,79 hectáreas más que en la temporada 2011.

Como un medio para combatir este flagelo que afecta particularmente a la provincia de Guanacaste, por la costumbre de los finqueros de realizar quemas que en muchas ocasiones se salen de control, el SINAC decretó el Sistema de Alerta Permanente (SAP) para fortalecer acciones de alerta temprana, detección mediante satélites, torres de vigilancia temporales y fijas, así como los patrullajes terrestres y aéreos; de igual manera el personal estará pendiente de realizar en caso de ser necesario, las acciones de control y liquidación de incendios forestales, tanto dentro como fuera de las Áreas Silvestres Protegidas.
Estas medidas están bien, pero hace falta crear conciencia entre nuestros agricultores sobre el peligro que representa el hacer quemas que se salen de control, especialmente las que se hacen en fincas y parcelas cercanas a las zonas protegidas, como es el caso concreto de Palo Verde y otros parques nacionales.
También debe recaer todo el peso de la ley sobre aquellos cazadores furtivos que se internan en las áreas protegidas y queman maleza con el fin de que las especies huyan y sea más fácil cazarlas. Recordemos el triste episodio de un cazador al que las autoridades le decomisaron armas de fuego y como venganza quemó la Casona de Santa Rosa.
En cuanto a la cacería deportiva nos parece acertado que la Presidenta de la República, firmara la “Ley de Reformas y Adiciones a la Ley de Conservación de Vida Silvestre” y decretara que esa actividad queda prohibida en el país.
Igualmente intimidante y coercitivo resulta para los irracionales que matan venados, zainos, así como felinos por diversión o deporte, la aplicación de multas hasta de un millón y medio de colones, porque infinidad de veces hemos presenciado operativos policiales que se reducen al simple decomiso de los rifles para la cacería y la destrucción de los animales.
Del mismo modo resulta aleccionador, que se fijen multas de hasta de ¢900 mil para quienes trafiquen especies de vida silvestre.
La cacería furtiva está amenazando seriamente nuestras especies, especialmente en zonas muy apartadas como el Parque Nacional Corovocado o Caño Negro y es conveniente que se ponga por lo menos un freno a estas actividades.
Es muy frecuente que cada vez que una familia residente en el Valle Central, que sale de paseo a provincias lejanas incurre en la absurda idea de regresar con un perico, una lora, lapa, iguana, tortuga y hasta un mono como mascota, ignorando que en ningún hogar esos seres pueden sobrevivir normalmente y si sobreviven lo hacen a duras penas.

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