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Jueves, 02 Noviembre 2017 10:29

Fiestas navideñas

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Fiestas navideñas Fiestas navideñas Periódico Guanacaste a la altura

Todo un revuelo ha provocado el ¿descubrimiento? de que La Refinadora Costarricense de Petróleo RECOPE, tenía preparada una fiesta navideña para sus empleados valorada en cerca de siete millones de colones y que este ágape es un derecho reconocido dentro de la convención colectiva, no de ahora, sino de años atrás.

Tardó en difundirse la información sobre la fiesta de RECOPE y pronto comenzaron a aflorar detalles sobre otras instituciones públicas que organizan fiestas que cuestan millones de colones y que todos los contribuyentes directa o indirectamente pagamos, aunque ni por asomo, se nos invite.

Debido a que ahora cualquier ciudadano, político o institución, está más expuesto que nunca al juicio de la opinión pública, gracias a la maravilla del Internet, el Facebook, Twitter y otro tipo de blogs o grupos sociales es que se esparce la información por todas partes; en vivo y a todo color, hemos conocido de otras instituciones que realizan este tipo de festejos millonarios, provocando asombro, envidia, burla o indignación entre los mortales que debemos pagar impuestos.

Durante años, las fiestas opulentas organizadas por ministerios, instituciones autónomas, Asamblea Legislativa y otros entes públicos; con decoración, bufets, parrilladas y la presentación de los cómicos de moda, eran comunes y nadie parecía reparar en ellas.

Era normal, o por lo menos parecía normal, debido a que en apariencia la situación económica era estable y no mostraba signos de que el déficit fiscal fuera tan descomunal. Sin embargo, poco a poco el peso de la deuda interna comenzó a ser preocupación, tanto así que fue el ex presidente Abel Pacheco el que acuñó la famosa frase “No hay plata”…”No hay plata”.

Las fiestas navideñas, gracias a las convenciones colectivas, pasaron a ser un derecho adquirido y ahora como se cuestiona todo lo que tenga que ver con este tipo de convenios y hasta se sataniza por parte de algunos, hace perder la perspectiva, porque lo cierto, es que la eliminación de las fiestas no influye ni influirá considerablemente en el de por sí abultado presupuesto del Gobierno.

Hay que ser cautelosos en el tema de las convenciones colectivas a fin de deslindar lo que es superfluo, de lo que un trabajador requiere para laborar con dignidad y eficiencia, evitando caer en el campo de la especulación y la caza de brujas.

Existe en la mayoría de las instituciones una serie de gastos ligados a asesorías, viajes, uso de vehículos, viáticos, cupones de gasolina y pagos de horas extra que si conforman una cifra considerable para influir en la reducción del gasto público y se les debe prestar atención.

Por lo pronto el Presidente Solís y su gabinete son considerados indeseables por algunos sectores especialmente los sindicatos porque la verdad, hay que reconocerlo, se ha comprado un pleito al encarar el tema de las convenciones colectivas, a diferencia de sucesivos gobiernos anteriores que lo habían tratado con indiferencia y casi con complicidad por mero cálculo político.

En resumen: Hay que actuar con cautela en materia de convenciones colectivas y otros “derechos” de los trabajadores y concentrarnos en lo que realmente incrementa el gasto y sobre todo en impulsar el trabajo como único medio para elevar la productividad y el desarrollo económico.

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