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Elementos filtrados por fecha: Sábado, 01 Mayo 2021

Lic. Miguel Fajardo Korea (*)
Premio Nacional de Educación Mauro Fernández
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La folcloróloga Lía Bonilla (Guanacaste, 1920-2016), sostuvo que: “La necesidad del traje surgió en el mundo con el ser humano, quien, al buscar alimentos, exponía su piel a los insectos y pinchazos de las espinas y a la necesidad de protegerse contra los cambios del clima”.

Bonilla Chavarría investigó sobre el vestido costarricense durante 30 años. Miguel Fajardo y Mélida Obando le compilamos el libro: “Lía Bonilla, caminante de Guanacaste”. San José: Lara & Segura, 2012: 235). Se cita, ahora, los principales alcances que realizó dicha investigadora sobre el vestido de Guanacaste.

La gola es la bellísima pieza que va en la parte superior de la camisola. Descansa su parte superior en el escote, que está totalmente cubierta de vuelitos angostos. Bonilla describe cuatro estilos, a saber:

1)- El cuerpo de la gola es de corte casi triangular, suavemente redondeado, de amplio escote y cubierto de vuelos rectos y muy recogidos, de unos 5 o 7 cms de ancho, de organdí u otra tela de algodón blanca, que van adornados de caballito y vivos colores (verde, azul, rojo, amarillo y negro). Los vuelos son de encaje bordado -inglés-.

Esta gola lleva 16 yardas de vuelos.  En el escote se coloca un encaje “pasacinta”. La cinta es de un color vivo y remata sus dos puntas en un gracioso lazo, a un lado del frente. Los laterales de esta gola cubren parte de las mangas y el frente.  El trasero un poco más arriba de la cintura. Esta gola alcanzó  popularidad en Guanacaste. 

2)- Se compone de un solo vuelo recto de encaje, bordado o de tela de algodón, siempre blanca, de unos 20 cms de ancho.  Puede adornarse con vivos colores, si no es de encaje, con fino caballito, cintas angostas como lazos sobre el escote, donde va el encaje pasacinta remata el lazo en un lado del pecho.

3)- Es quizá la más bella de las golas guanacastecas, pero la más difícil de montar.  Es de acentuada forma triangular, cuya punta delantera llega arriba de la cintura.  Se forma dos triángulos separados y se cubre con los vuelos. Luego se monta la gola. Se coloca los dos hombros traseros sobre los hombros delanteros, formando un traslape. Se adorna con lazos de colores vivos en el escote. Los vuelos se “bordean” con caballito fino de colores fuertes.

Dicha gola solo fue conocida en Liberia y la confeccionaba en  forma artística Sara Gutiérrez para ocasiones especiales. Solo sus hijas, Sarita y Mercedes, sabían confeccionarlas.

4)- Es un rectángulo de encaje blanco con la costura al centro para lograr el lindo fruncido de esta gola que se usó en Santa Cruz, a fines del siglo pasado y la cual adornaban con un vivo de color fuerte sobre la costura del recogido, rematando con sendos lazos a los  lados. 

Las pañoletas. Según Bonilla, desde  finales del siglo XIX, la muchacha de las villas trató de imitar a las señoras de la sociedad con el uso de la “pañoleta” –un pequeño- chal de algodón floreado que la mujer humilde llevaba con un lazo sobre la cintura de la enagua.  Camisola blanca de algodón sin gola y enagua a la media pierna, con un ancho vuelo en el bajo, sin adornos.  Relicario.  Peinada con trenzas, peinetas de colores y lazos de cinta de seda de colores brillantes.  Descalza.

La costumbre de la mujer pueblerina, cuya preocupación por conservar sus ropas la hacían recoger sus enaguas de la parte trasera y hacer un rollete que pasaba debajo de la pretina de la cintura, colocándolo por sobre esta.  Así, dejaba al descubierto los fustanes en una forma muy graciosa, al bajar al río o a la playa, cuando ayudaba a su pareja en las labores de la pesca.

Sociedad guanacasteca. La indumentaria de la dama de edad avanzada, de mediados del siglo XX se ha conservado, no solo en Guanacaste, sino en muchos lugares: cintillo negro de terciopelo sobre la cabeza.  Peinado de dos pequeños moños a los lados o trenzas en corona. Blusa de algodón gris, negra o café con estampados diminutos, cuello recto vertical y mangas largas. Enagua recogida de los costados hacia atrás, de alpaca, céfiro o lana negra, café o gris hasta los tobillos. Delantal blanco de lienzo, con bolsas cuadradas, largo y colgando de la pretina. Con las llaves del hogar.  Botinas negras de charol o de cabritilla negra.  Bonilla vio usarlas botinas a  Ramona Bonilla,  Blasita de Ramírez y Lupita Santos.

            El lujoso traje de baile de la dama de la sociedad de mediados del siglo XIX, en la época del “romanticismo”, peinados de cascadas de “colochos” a los lados, con adornos de flores artificiales de seda y cintas de terciopelo.  Relicario al cuello.  El escote dejaba descubierto los hombros.

            Vestido de organdí, etamín o tafetán, de amplios vuelos en la falda ensanchada en la crinolina, lo que daba mayor amplitud atrás.  Sin mangas o cortitas y abullonadas con estrechos vuelos en el escote.  “El pañolón”, “mantón de Manila”, llegaba de España o China. Era de seda, con bordados y largos flecos.  Botinas negras.

            Entre 1860-1870 –aduce Bonilla-, la dama guanacasteca usaba la toalla o estola negra de casimir, de lana, de crespón, de seda o de china o de algodón para salir a la calle, asistir a misa o como simple abrigo.  Vestido de blusa y enagua de céfiro, alpaca, lana o paño negro, café o gris. Botinas negras de cuero o charol.  Peinado partido al centro con un moño.

La guerrera liberiana. En 1867 surgió en Europa este modelo de casaca, de línea militar, de color claro, con abotonaduras hasta el cuello recto, militar, con mangas largas.

            En 1881nace en París, un traje de verano en color claro, compuesto de casaca estilo militar, abotonado hasta el borde del escote, con cuello recto, pantalón de la misma tela de la casaca y camisa blanca. Acompañaban este traje con un sombrero de paja llano.  En este modelo, –que Bonilla llama guerrera- se originó “la guerrera liberiana”, la que usaron los señores liberianos y de las provincias centrales.

            Dicha  guerrera, casaca de línea militar que se usó entre (1900-1930) fue confeccionada en tela de dril blanco y unos pocos de color gris.  La completaban con camisa blanca, pantalón de dril blanco y sombrero de alón de pita.  Algunos llevaban un bastón. Los zapatos eran negros. En la gira de González Flores (1915), miembros de la comitiva llevan  la “guerrera” liberiana, en telas lisas y a rayas.

El sabanero guanacasteco. Para su trabajo lleva la camisa o cotona de mezclilla o de “yerbilla” azul, sin cuello o de cuello de pretina (tira recta) con abotonadura hasta el pecho o total. Pantalón ajustado y “chaquetilla” o “chaqueta española” de mezclilla azul de ocho onzas. Era pesada y sólida, con “cinturón  o faja” con varias vueltas de mecate delgadito. Las botas de campo. El sombrero de palma tejido a mano y con el ala a la pedrada.  Los liberianos prefieren la huelenoche, “la moza de los campos”, como la llamara la Prof. María del Socorro Clachar Hurtado. Véase mi poema “Huelenoche, moza de los campos” en mi libro “Son otras palabras” (2012: 91-93).

Sobre la albarda de cuero crudo, lleva a un lado la manila o la soga y, al otro, el cacho carbolinero.  La chaqueta se la quitaba al regresar a la casa de la hacienda y se la arrollaba a la cintura, haciendo un nudo al frente con las mangas largas.  La indumentaria del sabanero casi no ha variado.  Solo el cuello de la camisa moderna y la chaqueta, para cubrirse del frío de la madrugada,  cuando inician su faena.

El vestido de trabajo de la mujer es una camisola de lienzo o manta lavada blanca, sin gola.  Enagua o enaguilla de zaraza estampada en colores suaves y adornada de cinta de seda en suave color, en el vuelo ancho que lleva en el bajo.  Delantal blanco y almidonado, largo con sencillos adornos de caballito y cipresillo. Relicario al cuello, peinada de trenzas recogidas alrededor de la cabeza con una corona.  Descalza.

La indumentaria de fiesta del sabanero es la única que han usado los hombres en nuestro país, de todas las clases sociales, en diferente tela y color.  Es el vestido típico nacional.

            El sabanero guanacasteco vistió con camisa blanca de manta o lienzo con cuello de pretina.  Se colocaba un lazo de cinta barata como corbatín del color de la banda, generalmente roja.  Pantalón de dril blanco, ajustado arriba y un poco amplio en el ruedo. “La banda”, tejida de seda, como cinturón o faja en colores negros, morado, rojo, dos pañuelos de seda grandes, bordados a mano.

Las botas de campo de los sabaneros guanacastecos son de cuero de venado. Van ajustadas a las piernas, desde las ingles hasta los tobillos, remata con una lengüeta  sobre el empeine del pie desnudo.  A los lados se cierra con una serie de coyundas o correas que se anuda por medio de los ojetes que lleva la parte de adelante de la pierna, que cae graciosamente al caminar. Es la prenda más amada del sabanero, pues sirve de cubierta para sus piernas, cuando él corre detrás del ganado, a caballo. Le evita las cornadas y los pinchazos  en los breñales o las mordeduras de las serpientes.

Artículo síntesis con base en el Cap. V. de mi libro en coautoría
“Lía Bonilla, caminante de Guanacaste” (2012).

Publicado en La Provincia
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