Las elecciones nacionales del período 2026–2030 presentarán matices diferentes por la diversidad de partidos inscritos, como porque a diferencia de los procesos anteriores, las encuestas indican que uno de los candidatos llega con una clara ventaja sobre el resto de sus contrincantes, lo que hace presumir que ganará en primera ronda, fenómeno que no se presentaba en la historia política contemporánea.
A pesar de ello, la verdadera encuesta es la que se producirá el primero de febrero ante las urnas electorales.
Sin embargo, como en política suelen presentarse sorpresas no debe descartarse que sea necesario regresar a las urnas, el domingo 5 de abril de 2026, para celebrar una segunda elección, en este caso para que los ciudadanos escojan entre los dos candidatos con el mayor número de votos recibidos en la primera, situación que no es nueva porque así ha ocurrido en anteriores procesos electorales.
Otro aspecto que posiblemente se volverá a repetir es la poca confianza de los electores hacia los partidos tradicionales, que ha disminuido de forma sostenida y ha motivado al electorado a decantarse por las personas, más que por los partidos que representan, fenómeno que podría atribuirse a que la ciudadanía prefiere identificarse con una persona y no darle importancia a los a los partidos.
La ciudadaníano quiere escuchar promesas sobre la forma en que deben afrontarse los problemas que los aquejan, sino propuestas concretas del ¿Cómo? deben procurarse las soluciones y eso, lastimosamente no lo perciben en los debates entre candidatos o los mensajes publicitarios.
Se ha mencionado en esta ocasión la conveniencia o no de lo que se ha denominado continuismo, o más claro el “rodriguismo”, entre la actual administración y la candidata a la que las encuestas le dan una considerable ventaja, pero lo cierto es que cuando en nuestro país existía el bipartidismo el continuismo se dio en varias ocasiones y no representó mayores sobresaltos para nuestra democracia.
El proceso electoral que se avecina también plantea el reto de crear conciencia entre esa masa política que se denomina los indecisos, esos que no creen en las promesas de campaña o los que definitivamente no creen en el valor de la democracia, la libertad de elección y el privilegio de asistir a las urnas y votar libremente.
La papeleta para elegir presidente y vicepresidente contiene una oferta de 20 partidos a escoger, en tanto que la papeleta para elegir diputados es también generosa para elegir a las 57 personas que integrarán la próxima asamblea legislativa, acerca de la cual confiamos que se dedique a aprobar proyectos de verdadero bienestar para el pueblo, más que enfocarse en el control político, que solo crea comisiones investigadoras que en pocas ocasiones desembocan en acciones positivas.
Es por eso por lo que uno de los llamados del TSE debe enfocarse en concientizar a esta masa de indecisos, a analizar planes de gobierno, trayectorias políticas a fin de lograr una participación consciente, debate respetuoso y un compromiso colectivo con el futuro de la democracia costarricense.
Acudamos a las urnas el próximo primero de febrero conscientes de que la emisión de un voto no debe representar un acto de revanchismo, de no me importa y más bien sigamos los debates, analicemos los programas de gobierno que nos ofrecen 20 partidos y serenamente participemos de este acto ciudadano que muchas naciones anhelan y no pueden ver cristalizado.


