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Miércoles, 14 Febrero 2018 09:01

Llamado a la cordura Destacado

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No queda duda que hemos asistido desde finales del 2017 e inicios de este 2018 a una de las campañas electorales más virulentas y marcadas por el odio y la división, donde los insultos, los ataques frontales y otras manifestaciones ponen en entredicho nuestra cultura de paz y vocación civilista.

La utilización de las redes sociales le ha conferido, dentro de la contienda electoral, un poder de comunicación nunca antes visto a los ciudadanos, pero que en muchos casos han sido mal utilizadas a punto de que se han convertido en el medio más expedito para comentar o replicar en algunos casos en forma positiva, coherente y responsable, pero lamentablemente en un mayor porcentaje para denigrar, insultar y rebajar a quien se defiende o se ataca.

En lugar de constituir un medio para discutir las ideas, para avanzar en nuestro desarrollo y el debate de ideas, en el uso de la redes sociales los ciudadanos de uno u otro bando emiten criterios de valor sin sustento, por el simple hecho de criticar y llevar la contra como si dispararan con una escopeta; ignorando el daño individual y colectivo que pueden provocar 

Tres pasiones tiene el costarricense: futbol, política o más bien campaña política y religión.

El futbol, sin duda es la válvula de escape más frecuente para las pasiones, el ciudadano sin distingo de clases puede recurrir a ella los miércoles y domingos de cada semana, para desde una gradería desahogarse de los problema del trabajo, del hogar o de la familia insultando al árbitro, a los jugadores que se mantienen en el campo de juego o en el peor de los casos dándose de golpes con otros aficionados en las graderías.

La campaña política a pesar de ser cada cuatro años también provoca el desborde de pasiones, azuzada hasta por los mismos candidatos, como quedó evidente en los debates realizados.

El otro elemento que desata divisiones y encontronazos, incluso en el seno de las familias, es la pertenencia a una secta o al catolicismo, que en épocas normales se mantiene de bajo perfil pero cuando se mezcla con la política pierde todo freno y mecanismo de control.

Temas como los inherentes a los derechos de la población LGTB, las guías sexuales y la determinación de si la educación sexual debe impartirse en el hogar o en los centros educativos, nos hacen perder la perspectiva de lo que representan otros problemas en materia económica, fiscal, seguridad ciudadana, pobreza, vivienda, comercio exterior, por citar algunos.

Es difícil llamar a la cordura cuando las hogueras están encendidas y el sonido de los tambores de guerra llena el ambiente, pero es necesario si queremos lo mejor para nuestro país. Finalmente llegará el primero de abril, ya no habrá más allá y el Presidente que resulte electo lo tendremos que aceptar nos guste o no. Las redes sociales pasarán a tratar otros temas menos escabrosos y la vida continuará, pero con grandes fisuras y divisiones en nuestra sociedad, que solo el tiempo se encargará de curar.

La cordura se impone.

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